En 1530, en Italia, existía una lotería nacional que se llamaba “Lo Giuoco del Lotto D`Italia” que era muy popular entre los ciudadanos pero que no era aprobado por la Iglesia Católica la cual tenía mucha influencia.
En 1778 el Bingo, que en ese entonces se parecía a la lotería, llegó a Francia donde obtuvo la misma gran aceptación por los ciudadanos y el rechazo por la Iglesia. A pesar de que la Iglesia no estaba de acuerdo, el bingo aumentaba cada vez más su popularidad. Para el año 1800, éste juego se había expandido por toda Europa.
Éste juego, consistía en un juego de cartas el cual estaba dividido en 3 líneas horizontales y 9 columnas verticales. Cada fila tenía 5 cuadrados con números y 4 cuadrados más en blanco de forma aleatoria. Las columnas tenían números del 1 al 10 (primera columna), del 11 al 20 (segunda columna) y así sucesivamente hasta el 90.
El Bingo llegó a los EE.UU en los años 20 donde rápidamente se asentó. La popularidad de éste juego se expandió luego a lo largo de todo el país y obtuvo un gran auge en las áreas rurales donde el sentimiento anti-juego no existía. En aquel entonces, se llamaba “Beano" y consistía en un bingo más moderno, donde se sacaban números de forma aleatoria de un disco.
Edwin Lowe fue el que comenzó a comercializar el juego por toda Nueva York y EE.UU, con el nombre actual de "Bingo" tras haber tenido una experciencia donde un jugador en vez de gritar "Beano" gritó "Bingo" al ganar el juego. Ésto ocurrio alrededor de 1929. Lowe era un vendedor de Nueva York, el cual quedó inspirado por el entusiasmo y popularidad que el juego estaba teniendo en ese momento, una vez que se encontró con él.
Carl Leffler, un profesor de matemáticas, fue quién lo ayudo a Lowe en la creación de cartones diferentes a los que se usaban, para que solamente 1 jugador pudiese ganar en cada partida. Constaba de 6 mil carones únicos y no de 24 como en un principio.
A partir de ésta nueva modificación, el Bingo se expandió por todo el mundo. Lowe descubrió que uno de los mejores negocios los conseguía a través de recaudadores de fondos de la Iglesia, la cual antes rechazaba éste juego, consiguiendo una gran clientela llegando a los 10.000 juegos de bingo a la semana en el país.
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